Habemus Amor

Hay momentos en los que necesitamos hacernos las preguntas correctas, momentos como este, por ejemplo:

¿Cómo puede ser posible que en mundo posmoderno, nihilista y egocéntrico que sigamos hablando de Amor? ¿Cómo es que seguimos teniendo en todas las latitudes de la geografía y en los distintos lenguajes, el mismo deseo? ¿Por qué será que aún nos desvelan los sueños y nos cautivan los amores sinceros?

¿Sabes por qué nos siguen doliendo las traiciones, por qué nos parte el alma cuando perdemos a alguien querido, o lo tenemos lejos? ¿Por qué sonreímos cuando somos bebé, si nunca antes hemos visto una sonrisa? ¿Por qué queremos amar?

En lo que a nosotros respecta, hemos entendido que amar es una respuesta al amor de Dios, esa fuerza invisible que mueve el universo. El que ama no hace nada indebido, no es egoísta, su amor es paciente y bondadoso, no es envidioso, jactancioso ni orgulloso. No se enoja fácilmente ni guarda rencor, no le gusta la maldad, ni las mentiras. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Corintios 13).