Just do it

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Ya la sentencia había sido firme por el jurado: ¡Pena de muerte!, con fecha de ejecución para el 17 de enero de 1977, fueron las palabras a las que tuvo que enfrentarse Gary Gilmore[1], ante los crímenes de asesinatos los cuales le fueron correctamente imputados.

El día señalado de la ejecución, en la prisión estatal de Utah en Draper, Estados Unidos, a las 8:07 de la mañana, Gilmore se vio atado a una silla, con un muro de sacos de arena detrás de él para atrapar las balas; cinco policías armados encargados de ejecutar la sentencia quedaron ocultos detrás de una cortina con cinco pequeños agujeros, a través de los que se apuntaron sus rifles directamente hacia el pecho del reo. El reverendo administró los últimos sacramentos a Gary a quien a su vez se le dio el derecho de pronunciar sus últimas palabras a lo que este respondió: “¡Just do it!” (¡Vamos a hacerlo!), acto seguido una capucha de color negro cubrió su rostro y cinco balas ante la orden de ¡Fuego!, terminaron con su vida.

Once años después, la multimillonaria marca Nike, haría parte de su slogan la última frase de Gary Gilmore «Just do it» «Sólo hazlo», la cual le permitió aumentar aún más su participación en el negocio nacional de calzado deportivo en Estados Unidos del 18% al 43%, lo cual en número significaba una ganacia de 877 millones a 9.2 mil millones de dólares en ventas en todo el mundo entre los años de 1988 a 1998.

Una vasta campaña publicitaria ha elevado la popularidad del slogan de Nike, la cual ha estado presente en los medios de comunicación como mercancía, vallas publicitarias, medios impresos y hasta grafiti; llegando hasta nuestros días tras 32 años de constante evolución, acompañado de un poderoso mensaje motivador:“Cree en algo; incluso si eso significa sacrificarlo todo”, siendo tendencia junto con el video lanzado por la compañía Nike-sueño loco[2] , todo lo cual en su conjunto hace levantar al espectador de su silla e ir directo al terreno a dejarlo todo en el intento de ganar.

Una frase que se originó de la boca de un reo ante una sentencia firme, fue motivo de referencia para impulsar a una compañía hacia el éxito, la cual incita a su vez a todos sus clientes y público en general a “ir hacia adelante, porque puedes hacerlo”

Por más absurdo que pueda parecer, hay una historia en la Palabra de Dios semejante a este slogan, la cual me hizo levantarme en un momento de dudas.

Estaba Moisés frente al Mar Rojo, a su izquierda montañas, a su derecha montañas y a sus espaldas un alborotado y bien armado ejército egipcio que cabalgaba sobre imponentes corceles destinados a matar y secuestrar a toda una multitud de israelitas; pero ya la palabra de sentencia y liberación de Jehová había sido dada: -¡Marchen!-, a lo que Moisés tuvo que con su dedo índice destupir sus oídos, apartarse de la multitud y llamar a Dios a capítulo: -A ver- (imagino un diálogo con música de terror de fondo, gritos de gente alborotada y de galopes de caballos hacia la batalla, al estilo Troya) -A ver,  El Yo soy; a ver…, recapitulemos, no tengo escapatoria y ¿tú me pides que marches?, ¿hacia dónde?- a lo que el Señor le respondió: -hacia el Mar-, así que Moisés esperó un ratico a ver que pasaba, mientras lanzaba arengas con mensajes positivos al pueblo pero sin ningún resultado (como se dice al buen cubano, Moisés estaba: “Haciendo tiempo”)

Cada vez se acercaba más el enemigo y nada sucedía, cada segundo era para el líder una eternidad; así que volvió a preguntarle a su Dios si había algún plan B, a lo que este le respondió: -¿Por qué clamas a mí? ¡Dile al pueblo que se ponga en marcha!

Así pues, en un acto de fe, y motivado por la Palabra del que Todo lo puede, alzó su vara y extendió su mano sobre el mar, ¡y el mar se dividió! Y entró el pueblo de Israel por en medio del mar en seco, logrando una victoria de la cual aún se cuenta con asombro por el poder sobrenatural con que Dios libró a esta nación de manos de los egipcios, a quienes tragaron las aguas del Mar Rojo.

Al leer este fragmento aprendí la misma lección que se llevó Moisés: “Sólo hazlo”, si ya te di mi palabra, si estás caminando en mi voluntad, ¿por qué clamas a mí? ¡sólo hazlo!.

Puede sonar tal vez un tanto contraproducente cuando en todo momento debemos buscar la voluntad de Dios, lo cual es cierto; pero Dios nos enseña también que su Palabra es un perfecto equilibrio, de la misma forma que debe ser la vida del cristiano; pues así como recibimos instrucciones en la escuela o universidad en cuanto al aspecto teórico, llegará un momento en el cual al abandonar nuestros pupitres tendremos que enfrentarnos a la práctica y emplear en ese espacio todo lo aprendido.

Si ya lo aprendimos de Dios, y si ya recibimos una comisión de su propia boca; pues, ¿qué mayor motivación esperas? ¡Sólo hazlo!

De la boca de nuestro Señor Jesús, recibimos una comisión gloriosa: ¡Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura!; pero no fueron palabras lanzadas a modo de slogan, sino que contaban con una promesa cumplida días más tardes de la llenura del poder del Espíritu Santo suficientes para revolucionar al mundo bajo el sello de la Salvación eterna mediante la fe en el Hijo de Dios.

Y ese es el evangelio, ese es el mensaje y este es el slogan que impulsó a un joven a ser diferente a su generación, dicho de la boca del apóstol Pablo: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos; porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”

Ya la palabra está dada, y si el Espíritu Santo está en ti, ¿qué esperas? ….

“Sólo hazlo”


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