Desde que la pandemia tocó nuestras vidas tememos a los asintomáticos, los resultados positivos y la curva estadística en ascenso. Tenemos miedo de contagiarnos, de quedar expuestos, de arriesgar a otros, miedo a morir pero miedo también de la vacuna, la incertidumbre y la espera.
Tal parece que la desconfianza se ha vuelto parte de la supervivencia humana. Sin embargo, lo que en principio podría ayudarnos a asumir precauciones se ha vuelto un problema para los cristianos de hoy día.
Hemos transportado nuestras inseguridades a nuestra relación con Dios, de forma tal que acudir al Padre se convierte en un excesivo desgaste de nuestras fuerzas y un despliegue de oraciones poco genuinas, porque no confiamos en Él.
Seamos sinceros, cuántas veces hemos hecho oraciones que ni siquiera confiamos que Dios pudiera o quisiera responder ¿Has pensado que esas mismas plegarias sin respuesta son consecuencia de tu desconfianza?
La Palabra de Dios dice:
Así que acerquémonos con toda confianza al Trono de la gracia de nuestro Dios . Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más lo necesitemos
Hebreos 4:16 NTV
Según el diccionario Larousse, la palabra Confianza significa: “Esperanza firme que se tiene de alguien o algo /Familiaridad en el trato”, entonces, cuando Dios nos pide que confiemos lo que en realidad está diciendo es que tengamos esperanza y que nos relacionemos entendiendo que Él es Abba (Papito), no un extraño al que le pides cosas.
El Apóstol Pablo decía:
“yo estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni demonios, ni nuestros temores de hoy, ni nuestras preocupaciones de mañana, Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios revelado en Cristo Jesús Señor nuestro”
ROmanos 8: 38-39 ntv
Dios te ama, ya no te acerques al trono con tibieza, atraviesa corriendo la sala real y arrójate a los brazos del Padre, recuéstate a su regazo y abre tu corazón, porque sus planes son mejores de lo que piensas, porque los padres quieren para sus hijos, lo mejor.
Otra cosa que corrompe nuestra confianza es creer que sus promesas no aplican para nuestras vidas. Pero cuando venga la duda por favor recuerda:
«…todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí! Y por medio de Cristo nuestro Amén (que significa sí) se eleva para su gloria»
2 CORINTIOS 1:21-22 NTV
Es Dios quien nos capacita, junto con ustedes, para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió [2 Corintios 1: 21-22]

“Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma, nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios” [Hebreos 6:19]
Si a este punto aún cuestionas cuáles son los beneficios de confiar, retomo una vez más la pregunta: ¿Has pensado que esas mismas plegarias sin respuesta son consecuencia de tu desconfianza?


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