Lentamente y en silencio me fui acercando a la mesa, descalzo para ni siquiera revelar mi presencia, era una operación encubierta y el plan sólo uno…matar al enemigo; ahí estaba parado mi objetivo, plácido, aparentemente ajeno a lo que sucedía a su alrededor, ya era hora del ataque sorpresa, alcé mis manos, el golpe debería ser certero, sin titubeos, a la cuenta de tres, dos, uno y….plafff!!!! -seguro está entre mis manos- dije con todo orgullo tratando de disimular el dolor por el impacto, lentamente las abrí para ver a mi víctima, pero para mi asombro la encontré como por arte de teletransportación encima del televisor, frotando las paticas traseras y su cabeza una y otra vez; lo cierto es que por más que trataba de sorprenderla infraganti aparecía luego en otro lugar, y así constantemente hasta que de cazador pasé a ser cazado por la fatiga.
Ya sé que conoces a este pequeño pero ágil enemigo cuya presencia no es nada grata en nuestros hogares, y su fama de molestas, intolerables y sucias recorre todo el mundo. Los zoólogos clasifican también a las moscas como ubiquistas, pues están en la categoría de animales que se encuentran casi en la totalidad de nuestro globo terráqueo; también comparte este puesto la cucaracha, pero bueno… esta gentil compañera no será el objeto de estudio en estas líneas pues conozco lectores que abandonarían su lectura inmediatamente si este fuera mi tema.
Si de moscas se trata podemos encontrarlas bajo todos los climas, desde los polos hasta el ecuador y desde los desiertos hasta las selvas tropicales y prácticamente en todas las altitudes; están a nivel del mar, en las altas montañas, en zonas secas como desiertos y húmedas como los trópicos, sobre las plantas, en el suelo y hasta en lugares inimaginables.
Pero si pensamos que solamente son “insectos molestos” estamos bien lejos de la realidad, tal vez porque solamente conocemos la habitual “mosca doméstica”, lo cierto es que según investigaciones existen alrededor de 150.000 tipos diferentes de dípteros, especies entre las que podemos hallar algunas tan peligrosas que pueden causar la muerte tanto al ganado mayor como a las personas.
Transcurría el año 1898 y en Cuba se gestaba la conocida guerra hispano-americana en la que los gobiernos de España y Estados Unidos se disputaban el control de la isla, según historiadores más de 5000 soldados murieron de fiebre tifoidea propagada por moscas, mientras que sólo 4000 soldados perdieron sus vidas en la batalla real. A principios del siglo XX el gobierno de los Estados Unidos participó en una gran campaña para exponer a las moscas como una amenaza para la salud, los noticiarios se hicieron eco de que se precisaba un trabajo colegiado en la higiene de la nación pues eliminarlas una por una nunca sería la solución, por lo menos no ante especies que diariamente pueden incubar millones de nuevas larvas, y capaces además de portar pegados a sus pelos, patas o boca patógenos susceptibles de transmisión que van desde virus y bacterias como la Salmonela, E. Coli, el Cólera, así como otras enfermedades que luego se propagan a través de un simple contacto corporal.
Si aún persistimos en la idea que se trata de insectos inocuos, basta solamente echarle un vistazo a “vuelo de mosca” a la plaga en la que ellas fueron protagonistas relatada en el libro de Éxodo capítulo 8: 20-32.
Tal vez Faraón no se lo tomó muy en serio, pensando que sería cosa fácil lidiar con ellas, pero la realidad fue totalmente diferente, pues mandó Jehová toda clase de moscas molestísimas; no se trataba pues sólo de moscas domésticas, era todo un ejército en sus diferentes especies, cuyo propósito era causar estragos a tal nivel que quedara registrada esta hazaña como una de las “Diez Plagas de Egipto”, así que ejecutaron su misión y la cumplieron muy bien, pues por su causa “la tierra fue corrompida”, y cuando algo se corrompe es porque cambia su uso natural, es porque llega a un grado tal de descomposición que imposibilita su uso; así estaba la tierra, así estaba Egipto, sumido en el caos, por lo que no resulta en una idea descabellada pensar que hubo muertes aunque la Biblia no lo registra.
En una ocasión me encontraba haciendo tareas de trabajo, ocupada mi mente y enfocado en aquello que en verdad resultaba importante para el momento, no obstante fui sorprendido por una “mosca doméstica”, no una de seis patas, sino un pensamiento molesto que cuando intenté obviarlo cual atrapada a dos manos salió volando, pero seguía molestándome, pues dio paso a otro pensamiento más y cuando logré reaccionar estaba totalmente invadido por una plaga ya no de insectos inocuos sino de un ejército de ellos que literalmente desviaron mi atención de lo que estaba haciendo y dañó mi mente, hasta mi postura emocional.
A veces vienen volando en forma de pensamientos, otras a manera de insultos, burlas, provocaciones, desánimo, orgullo y todo un sinfín de especies cuya misión es sólo una: corromper la mente de sus víctimas.
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Lamentablemente muchos han muerto como consecuencia de los patógenos capaces de transmitir; personas que han llegado al suicidio, fracaso personal o familiar o baja autoestima. Son enemigos reales con los cuales debemos tratar todo el día, son “ubiquistas espirituales”, pues nadie escapa a sus asechanzas; pero sí podemos evitar sus consecuencias.
La fórmula para ello está en unas simples líneas escritas por el apóstol Pablo: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” ¿y es suficiente esto?, puedo escucharte formulando esta pregunta para tus adentros; la respuesta es simple, nunca estos tipos de pensamientos cesarán, pero sí puede cesar aquello que dejes hacer sitio en tu mente, al reformista Martín Lutero se le atribuye una frase que viene justo a la medida: “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que hagan nido en ella”, por lo tanto solamente causará estragos en tu mente aquello que tú y sólo tú permitas.

La mente es un campo de batalla y es uno de los puntos estratégicos de ataque del diablo, por ello debemos tomar el “Yelmo de la salvación” el cual la protege y “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios,”como un arma la cual no está de casualidad en el mismo versículo, pues cada ataque debemos enfrentarlo a la luz del único libro que para quien lo vive no es letra muerta, sino poder de Dios; tomando en todo tiempo el ejemplo de Cristo cuando fue tentado en el desierto, quien no dejó vencerse por esas moscas molestísimas, sino que al secundar con la frase “Escrito está…” fue capaz de obtener la victoria.


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