Ciertamente abrimos los ojos cada mañana, se despierta nuestra mente consciente y sabemos que estamos vivos, que nos espera el nuevo camino, nuevos andares por estos mundos de Dios. Así que hacer el ejercicio de pensar voluntariamente en nuestra existencia y su propósito es, en ocasiones, un asunto doloroso.
En mi vida ministerial he visto el dolor tocar en absolutamente a todas las puertas. Sí, a todas. Nadie escapa al campaneo del dolor. Mi propia vida es un testimonio de superación de varias adversidades que Dios fue convirtiendo en enseñanzas, fortalezas y madurez. En más de veinte años de caminar con Cristo, he sufrido pérdidas de seres queridos, he cometido errores y he sufrido alguna que otra herida de guerra, pero de todas estas experiencias aprendí que Dios es real. Soy cubana, pastora, psicóloga, madre de dos hermosos adolescentes y viuda. Pastoreo la iglesia que fundamos con mi fallecido esposo, el pastor Daniel Feria, hace 6 años, en la ciudad de York, Inglaterra.
Contar a todos lo que Dios hizo en la vida de mi esposo, no solo es un honor sino también una responsabilidad. Dios puede cambiar cualquier circunstancia, cualquier imposible en un gran y formidable bendición.
Cuando conocí a Daniel, yo era una joven muy activa en mi iglesia. Era la mano derecha de mi pastor y ejercía influencia en la juventud. Siempre involucrada en cada ministerio, en la vida efervescente de una congregación grande, pujante y vigorosa. Mi vida transcurría entre mi trabajo profesional como psicóloga y mis “oficios” en la casa de Dios.
Cuando Daniel llega a nuestra iglesia viene ya convertido al Señor. Le habían predicado el evangelio y había aceptado a Cristo como su salvador en una gran iglesia del concilio de las Asambleas de Dios en nuestra ciudad (Santiago de Cuba). Daniel solía pasar por nuestra iglesia de camino a su casa cada día y me decía que escuchar las alabanzas hacía que se detuviera en la ventada a escuchar y a mirar desde afuera lo que allí pasaba. Una de esas noches fue la del 24 de Diciembre del ano 2000 y estaba predicando yo. Siempre nos reíamos recordando mi vestido color rosado y unas flores que llevaba en el cabello. Esa noche en particular, hizo una petición inesperada para él mismo. Dijo: Señor quiero a esta joven para que sea mi esposa. Inesperada, ambiciosa petición, decía él siempre. Había una razón para este pensamiento. Para cualquier joven hubiera sido algo natural, pero para Daniel era un reto. Había sido homosexual hasta sus 33 anos de vida. ¡Nunca imaginó siquiera que tendría esposa e hijos… eso era impensable!
Su vida no había sido fácil, sufrió mucho por sí mismo y por el desprecio que recibió de otros. Incluso atentó en una ocasión contra su vida. Era una agonía el mero hecho de tratar de encontrar equilibrio en su vida cuando tenía todo en contra. Se integró a nuestra congragación, nos hicimos muy amigos, muy cercanos y afines. Entre nosotros surgió una amistad hermosa y sólida. Podíamos ser nosotros mismos sin ningún prejuicio ni pretensiones. Comenzamos a hacer misiones juntos (éramos los encargados de atender la misión en playa Siboney a unos 14 km de la ciudad Santiago de Cuba y cada semana íbamos allá a llevar la palabra y a evangelizar la zona. Daniel fue bien recibido y muy amado en nuestra iglesia. Era fácil de querer, diáfano, alegre, accesible, cariñoso. Se integró, sirvió en el ministerio de pantomima y teatro, colaboraba en todo lo que podía y era muy proactivo.
Después de un tiempo, supimos que la amistad se había convertido en amor. Comenzamos a orar por esto que estábamos sintiendo. En medio de todo, la paz maravillosa de Dios se derramó sobre nuestras vidas. Hubo oposición, críticas, lagrimas, cierto rechazo. Sin embargo, nosotros necesitábamos la confirmación y bendición de Dios por encima de todo; ¡Y la tuvimos! Sentimos paz de Dios y seguimos sus instrucciones.

Daniel y yo nos casamos un 11 de Agosto del 2003 y estuvimos casados por 17 años, solo su muerte nos separó. Enfermó en el 2016, de una horrenda enfermedad terminal y sin cura posible. La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) fue robando cada uno de sus movimientos, quedó totalmente paralizado, no pudo ya más comer, hablar o incluso respirar por sí mismo. Aún en esas circunstancias dio muestras del material con que fue creado, de una fe vigorosa y de una vida totalmente rendida en los brazos del Altísimo. Nos ensenó a todos lo que era vivir la Palabra y no solamente decirla. Nos dejó un legado poderoso de fidelidad y gozo aún en medio de las pruebas. El 1 de Agosto de 2019 muere en mis brazos a la edad de 49 años.
Daniel y yo nos casamos un 11 de Agosto del 2003 y estuvimos casados por 17 años, solo su muerte nos separó. Enfermó en el 2016, de una horrenda enfermedad terminal y sin cura posible. La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) fue robando cada uno de sus movimientos, quedó totalmente paralizado, no pudo ya más comer, hablar o incluso respirar por sí mismo. Aún en esas circunstancias dio muestras del material con que fue creado, de una fe vigorosa y de una vida totalmente rendida en los brazos del Altísimo. Nos ensenó a todos lo que era vivir la Palabra y no solamente decirla. Nos dejó un legado poderoso de fidelidad y gozo aún en medio de las pruebas. El 1 de Agosto de 2019 muere en mis brazos a la edad de 49 años.
La vida de Jefte en Las Escrituras, siempre me recuerdan a Daniel. Jefté tenía en su nombre inscrito su destino y propósito específico; su nombre significa «Él Va a Liberar» pero también tenía una desventaja de acuerdo con la sociedad «hijo de una Ramera». Para que Jefté avanzara en su llamado, iba a tener que escoger en qué se iba a enfocar, igualmente nosotros amados hermanos; si realmente queremos alcanzar lo que Dios tiene para nosotros, necesitamos aparcar el pasado y definitivamente enfocarnos en el propósito de Dios para nuestras vidas en el presente. ¿QUÉ DICE LA BIBLIA DE TU IDENTIDAD? ¿Qué dice Dios de ti? Muchos no dejan de enfocarse en su Pasado y a causa de ello no logran alcanzar lo que Dios ya trazado para ellos en el futuro.
Comparando esta etapa de su vida con Jefté, puedo afirmar que Daniel, como Jefté, decidió enfocarse en su nombre “Dios es mi juez” y no en su pasado “era homosexual”. Daniel vivió en consagración y no solo a Dios sino también a su familia e iglesia. Fue un esposo amoroso y un padre devoto y cariñoso; un hijo ejemplar y un gran amigo. Juntos trabajamos para la obra de Dios no solo en Cuba sin o también en Inglaterra donde el Señor finalmente nos trajo. Aquí plantamos una iglesia en la que él trabajó y ensenó hasta que su salud se lo permitió.
Nunca olvidaré sus palabras, con lágrimas en sus ojos dijo: ya Dios sobre cumplió conmigo, me ha dado más de lo que pude pedir o desear. Esta enfermedad no será lo que detenga su obra y su propósito con nuestras vidas aquí y tampoco será la causa que el maligno usará para obstaculizar los planes de Dios. En su lápida está escrito: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” 1Tim.4:7



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