Nada que ver

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Cuántas veces en nuestras propias casas nos ha sorprendido un buen apagón avanzada ya la noche, de esos en los que mientras te desplazas pierdes por completo el contacto visual de todo lo que te rodea, así que sin más detienes la marcha por el temor de dar un buen tropezón y comienzas a caminar lentamente con los brazos extendidos, a tientas, hasta lograr alcanzar algún objeto que te permita iluminar tu ruta para a lo menos no torcerte el dedo meñique del pie derecho. Y si esto sucede en un lugar que conoces y en el que por lo menos tienes una idea de hacia dónde intuitivamente poder moverte, imagina que seas sorprendido por este evento en un sitio donde sólo eres visita.

Existen varias películas de terror en las que Hollywood monta toda una trama que obviamente su razón es llevar al extremo el miedo del espectador, resultando algunas exageradamente absurdas y sobre las cuales las críticas no han tenido piedad; por sólo citar un ejemplo clásico y repetitivo: un grupo de cuatro jóvenes visitan una casa abandonada y oscura, la que es famosa no sólo por su aspecto tenebroso sino también por las historias de espíritus de muertos que se mueven dentro de ella y matan a los curiosos; no obstante estos aventureros deciden sin razón ni motivo alguno explorar el lugar, resultando asesinados en su totalidad con toda una banda musical al estilo de la película “tiburón” que mantienen a uno al pendiente de quién será el próximo, ah! porque no mueren todos de un solo golpe, sino uno por uno. Ante este tipo de escenas, una persona razonable se pregunta que los impulsó a entrar en ese lugar, hasta el momento no existen respuestas.

Y es que precisamente estos lugares tenebrosos, solitarios, oscuros y con historias terroríficas de fondo no llaman la atención ni siquiera para acercarse a ellos, y si tenemos esta idea pues somos parte de una multitud de alrededor de un millón de personas que prefirieron quedarse bien lejos de un lugar que tenía mucho de semejante a la casa que antes describía, salvo por lo de los espíritus que matan gente. Esta es la escena; una montaña la cual de repente comienza a arder por un fuego incesante y consecuentemente el humo sube hasta los cielos y se extiende por todo su alrededor, haciendo de noche el día y desde su cumbre se oyen fuertes relámpagos cada vez más intensos y ensordecedores y por si fuera poco un sonido de bocina como si se estuviera anunciando una guerra; así estaba la trama según lo describe el libro de Éxodo 20:18. La reacción del pueblo de Israel fue como la de los espectadores de la película de terror, algo razonable, pues al ver este panorama temblaron de miedo, así que decidieron alejarse de aquel lugar, sin embargo, Moisés cual los cuatro jóvenes de Hollywood, se acercó a la oscuridad, a lo desconocido, a lo novedoso, pero esta versión no era para nada comparable a la visión de la zarza ardiendo. Y es aquí donde el líder de Israel se adentra en un espacio donde no tenía “nada que ver”, tal vez podía tropezar al estar en espacio ajeno, una piedra mal colocada y sería suficiente para un golpe más fuerte que torcerse el dedo meñique del pie derecho, una pequeña brecha en su trayecto y la muerte le llegaría de forma súbita, pero aún así, ninguno de estos pensamientos detuvo la marcha de Moisés pues él sabía que “Dios estaba en la oscuridad” y si a la oscuridad lo llamaba pues a la oscuridad sin dudar iría.

En los libros de 1ª de Reyes 8:12 y 2ª de Crónicas 6:1 la Palabra dice que nuestro Dios habita en la oscuridad, y si Él habita es porque conoce cada uno de los senderos que ahí existen, es porque a pesar de no haber luz si somos guiados no hallaremos tropiezos.

En el año 2005 se estrenó una película dramática del cine de la India, llamada Black (Negro, traducido al español), basada en la autobiografía de Helen Keller, una joven quien con diecinueve meses de nacida, sufrió una grave enfermedad que le provocó la pérdida total de la visión y la audición; su incapacidad para comunicarse desde temprana edad fue muy traumática para Helen y su familia, por lo que estuvo prácticamente incontrolable durante un tiempo, sin embargo gracias a la gestión de sus padres una tutora se encargó de su educación logrando con mucho esfuerzo convertir a Keller en la primera persona sordociega en obtener un título universitario. Durante la trama del filme una de sus escenas devela como su mentor toma las manos de la joven y le enseña a diferenciar y conocer elementos tan básicos como el agua, lo delicado de las flores, los animales y de esta forma comienzan juntos a emprender una aventura de avances en su aprendizaje.

Uno de los directores del coro en la época del Rey David, llamado Asaf, escribió un salmo en el que habla sobre la guía de Dios en su vida y reconoce al decir: “con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha, me has guiado según tu consejo”, cómo su Padre a pesar de su sordomudez con mucha paciencia y en medio del silencio y de la oscuridad le enseñó y le dio dirección a su vida, y termina proclamando, “en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien…”

Moisés, Asaf, y sé que tú también, conocen que la mano de Dios ha sido en nuestras vidas en medio de la oscuridad y del silencio, que aunque no tengamos nada que ver, la voz de nuestro Padre se escucha desde lo insólito, hacia ese lugar inaccesible donde pocos se atreverían a ir, pero esa es su casa, esa es su habitación y nosotros su especial tesoro, sus invitados especiales, y no nos dejará siquiera tropezar con el dedo meñique del pie derecho; “porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.”


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