El ancla de las Promesas

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Este domingo de mayo la Iglesia recuerda con especial énfasis el bautismo de los apóstoles con el Espíritu Santo, hecho acaecido en la fiesta judía del Pentecostés (50 días después de la Pascua) y un acontecimiento que no puede pasar desapercibido para ningún cristiano, ya sea de tradición conservadora o carismática- pentecostal.

Del Espíritu Santo se han escrito innumerables libros y sermones, sin embargo, su poder y grandeza no pueden ni deben ser restringidos a simples escritos motivacionales. El Espíritu de Verdad o Espíritu de Gracia, como también es nombrado en la Biblia, es el compañero por excelencia del discípulo cristiano y una guía certera en el caminar con Cristo. Un amigo que nos socorre en nuestra aflicción y que intercede por nosotros cuando ni quiera sabemos cómo orar (Romanos 8:26).

La obra del E.S es tan profunda y completa que Jesús dijo “conviene que yo me vaya, porque si no me fuera el Consolador no vendría a vosotros” (Juan 16:7) Pues, si bien Jesús fue el Verbo hecho carne (Jn 1:14) el Espíritu Santo es la esencia de Dios habitando dentro de nuestra carne (1 Corintios 3:16) con una perfecta armonía entre ellos ya que el Espíritu glorifica al Hijo (Juan 16: 14) y el Hijo al Padre.

El Espíritu, es Vida y es seguridad, pues todos los que creen en Jesús y le recibieron, son hechos hijos de Dios y han recibido el sello del Espíritu Santo (Efesios 4:30), esta es una garantía de que hemos vuelto a nacer en Cristo (2 Cor 5:17) y que nuestro nombre está escrito en el Libro de la Vida (Apocalipsis 3:5) , es también lo que en la Segunda Carta a los Corintios Pablo refiere como “las arras del Espíritu”.

Por tanto, El Espíritu Santo es semejante a una garantía que nos entrega el Cielo para que sepamos que no estamos huérfanos (Juan14:18) y que, además, produce en nosotros la confianza de que el Señor Jesús nos conoce y nos cuida (Juan 10 :27-29).

Para entender mejor la importancia del Espíritu suponga que Hechos 2 nunca existió ¿Es capaz de imaginar lo angustiosa que serían nuestras vidas sin el Espíritu Santo? Ojalá la siguiente anécdota le pueda ayudar.

Mi sobrino de 5 años está familiarizado con la Biblia, sabe orar, conoce algunas historias relevantes y ama especialmente a Jesús.  Pero hace algunos días me preguntó en forma de queja:

– ¿Tía, por qué Dios se tuvo que ir al Cielo? ¡Yo quería conocerlo!

Aunque la pregunta me sorprendió, sobre todo, porque no estábamos hablando del tema, me apresuré a decirle que en su lugar había quedado el Espíritu Santo en nuestros corazones, sin embargo, creo que no quedó muy convencido con la respuesta, debido a que desconoce al Espíritu Santo (nunca antes le había hablado de Él).

El tono de queja y angustia en su pregunta me enseñó en qué se convierte un cristiano que ignora al Espíritu Santo. Arranque usted la página del libro de Hechos y habrá arrancado también la mitad de nuestra esperanza. Él nos ancla a las Promesas de Dios y nos impulsa hacia el futuro.

Arranque usted la página del libro de Hechos y habrá arrancado también la mitad de nuestra esperanza. Él nos ancla a las Promesas de Dios y nos impulsa hacia el futuro.

Nunca estará completa la vida cristiana sin la ayuda, el socorro y la compañía del Espíritu Dios. Si usted decide obviarlo deliberadamente es porque Su Presencia le incomoda.

 Quizás … ¿es porque se encuentra felizmente en su zona cómoda? ¿Le da miedo lo que el Espíritu Santo pudiera hacerle? ¿Qué le pediría? ¿Qué podría decirle que hiciera? ¿Cree que perderá algo si se vuelve usted vulnerable y se abre totalmente a Él? ¿Le da miedo que le avergüence? ¿Cree que perderá su identidad? ¿Piensa que quizá tendría usted que cambiar? (Fuego Santo de R.T Kendall)

 Quizás … ¿es porque se encuentra felizmente en su zona cómoda? ¿Le da miedo lo que el Espíritu Santo pudiera hacerle? ¿Qué le pediría? ¿Qué podría decirle que hiciera? ¿Cree que perderá algo si se vuelve usted vulnerable y se abre totalmente a Él? ¿Le da miedo que le avergüence? ¿Cree que perderá su identidad? ¿Piensa que quizá tendría usted que cambiar? (Tomado de: Fuego Santo de R.T Kendall)

No se cúan grandes puedan ser sus dudas, pero le aseguro, nada de lo que perdamos para agradarle Él es comparable al tamaño de su Gloria, así como tampoco nada de lo que ganemos sin Él superará jamás la bendición de tenerlo en el primer lugar de nuestras vidas.


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