Hay dos escenas en el Evangelio de Lucas que significan mucho para mí, una al lado del río Jordán y la otra en el Getsemaní, y he hallado que existe una conexión profunda en la vida de Jesús en ambos lugares, cada uno con un significado particular que podría pasar desapercibido en una lectura apresurada.
Te invito hoy a que puedas hacer de esta lectura un tiempo devocional, y no un mero acto de disciplina espiritual. Presta atención a estos fragmentos de la Biblia:
«Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.» (Lc. 3: 21-22 )
«Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.» (Lc. 22: 40-44)
¿Qué misterio se esconde entre el Jordán y el Getsemaní? En ambos momentos vemos a Jesús orando, pero ¿la respuesta, es la misma?
En el Jordán, Jesús está iniciando su ministerio, orando y recibiendo rápidamente una palabra del cielo que todos quisiéramos oír al menos alguna vez:
“Tú eres mi hijo amado en el cual tengo complacencia”
En el Getsemaní, Jesús atraviesa uno de los momentos más angustiosos de su vida y podríamos preguntarnos dónde está la respuesta, dónde estuvo Dios en medio de este sufrimiento de su hijo.
Quizás sea la misma pregunta que hoy te golpea:
¿Dónde estuvo Dios la noche que perdiste a un familiar?
¿Dónde estuvo Dios cuando te golpeaba tu padre?
¿Dónde estuvo en aquel accidente que te hicieron daño?
¿Dónde estuvo en las noches de ansiedad?
Y si estuvo, ¿por qué callaba, por qué hizo silencio?
En Lucas capítulo 22 se relata que Jesús hizo tres veces la misma oración, quizás porque estaba a la espera de una respuesta, porque esperaba que su Padre interviniera como lo hizo en el Jordán, que diera una Palabra, o detuviera su sufrimiento.
Pero Dios no habló en el Getsemaní sino que calló de amor, eligió no responderle a su hijo por amor a ti y a mí, porque la cruz era necesaria si no, nos perdería para siempre. Y aunque esté en silencio, Dios no está ausente.
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Dios no nos abandona, Él hace silencio por propósitos. Dios no desiste de ti, como tampoco desistió de Jesús. Es más, si pudiéramos preguntarle imagino que Dios diría algo como esto:
-No creas que lo que mi Hijo decidió hacer no tuvo un alto costo para nosotros. El amor siempre deja una marca significativa -dijo ella, en voz baja y cordial-. Estuvimos juntos ahí. (Dios en la Novela cristiana La Cabaña)
Cuando vuelvan las preguntas, haz tuya estas palabras encontradas en la pared de un sótano en Alemania, en 1945, escritas por un judío que se escondía de la Gestapo:
Creo en el sol, aún cuando no brille.
Creo en el amor aún cuando esté solo.
Creo en Dios aún cuando guarde silencio.



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