No pasaba de las cinco de la tarde cuando la guardia médica le hizo un ultrasonido. Yannalie o Yayi, como todos le dicen, llevaba un mes hospitalizada por problemas hipertensivos, y había empezado a tener contracciones.
Ella y su esposo Alejandro, cristianos y médicos de profesión, padres del niño Samuel de 8 años , tenían el deseo de tener otro hijo, sin embargo perder un embarazo de 8 meses y tener dos abortos espontáneos no habían hecho fácil la espera.
Pero, justo en uno de esos momentos difíciles , Dios le dijo a Ale que tendrían un niña llamada Sara, y tres años después ahí estaba él en el pasillo de un hospital conversando con una Doctora que traía malas noticias:
-Le hicieron un ultrasonido, y la niña no está bien, tiene una hipoxia severa , el cordón umbilical no la deja respirar y está perdiendo peso. Las imágenes ultrasonografícas muestran pocos movimientos respiratorios. Tenemos que hacer césarea.
Mientras la Dra explicaba, Ale se mantuvo orando para no creer las cosas que le decían, para ignorar la enorme posibilidad de que Sarita sería un ¿vegetal? ¿ Sería eso posible? El golpe más duro fue cuando le mostraron las imágenes de lo que pasaba. Él sabía lo que la palabra hipoxia severa significaba. Cada día atendía niños con encefalopatías y problemas del desarrollo precisamente porque les faltó oxígeno al nacer.
A Yayi no le dijeron nada, esto solo aumentaría el riesgo de que su presión arterial se disparara por los aires pero la prepararon rápidamente para la operación.
Desde afuera del Salón de operaciones Ale oraba y clamaba a Dios. Y en ese momento llegó un susurro del Padre:
«Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos.» Sofonías 3:17
Y saber que Dios estaba en medio de él le permitó aferrarse con uñas y dientes a la fe y la confianza de que todo estaría bien, y que sus hermanos oraban también en respaldo a su petición. Si algo estaba claro, es que no estaba solo.
Entre la espera y la oración, el llanto fuerte de la bebé llegó hasta el pasillo, y los médicos quedaron sorprendidos de que no necesitara oxigeno una niña que supuestamente se ahogaba mientras la neonatóloga confirma que Sarita estaba bien de salud, solo que con poco peso.
Desde el 25 de enero del 2021 el milagro de Sara es también el de todos los que creen y esperan y conocen la historia de esta familia, de este matrimonio y del poder de la fe.


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