«Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.»
Oseas 2:14
¿Si pensamos en lugares a los cuales llevaríamos a nuestra pareja en una primera cita donde sería?
De acuerdo a nuestras posibilidades, escogeríamos algún lugar romántico: el coppelia, el malecón de la alameda, el mirador, un lugar con una vista deslumbrante de un atardecer o algún restaurante, todos lugares que al menos revelen alguna pizca de romanticismo, algún detalle del cual podamos llevarnos lindos y agradables recuerdos, algún lugar al que después q pase el tiempo no salga de nuestra memoria.
Sin embargo Dios hace algo insólito, atrae a su novia: al desierto; las cosas de Papá rompen con toda lógica, hasta las más románticas, el desierto no pinta para nada con un lugar en el que podamos pensar para tener una cita, montar una mesa para dos en medio del Sahara con par de velas donde las temperaturas elevadas en el día rompen record y en pleno hábitat de animales salvajes; pero sí, escogió el desierto y detrás de eso hay mucho sentido… la invita a un lugar en el cual ella pueda estar lejos del bullicio de la ciudad, un lugar en el que pueda estar sola porque nadie más se atrevería a estar ahí, un lugar en el que incluso de querer huir, llegue un momento en el que las fuerzas no le den para seguir más allá y sucumba y se rinda a la voluntad de su novio. En el desierto no puedes ir muy lejos si no tienes provisiones, apenas podrás caminar unos pocos kilómetros antes que la fatiga te alcance, producto de las altas temperaturas.
La NTV dice: “luego volveré a conquistarla, la llevaré al desierto y allí le hablaré tiernamente.” Oseas 2:14
El desierto no es donde el novio necesita estar (en este caso Dios) sino su novia, ella necesitaba estar en ese desierto para que pudiera escuchar la voz de su amado, y no solo oir la voz del amado, sino que esa voz penetrara en su corazón. Hay una gran diferencia entre hablar al oído y hablar al corazón.
En el primer caso las palabras suelen olvidarse, o ser tenidas en poco,
En el segundo caso, las palabras que se hablan al corazón se siembran, germinan, crecen y dan fruto.
Hay una gran diferencia entre hablar al oído y hablar al corazón.
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En el primer caso las palabras suelen olvidarse, o ser tenidas en poco,
En el segundo caso, las palabras que se hablan al corazón se siembran, germinan, crecen y dan fruto.
No todos son llevados al desierto, sino solamente un pequeño remanente de hijos rotos, de hijos necesitados que le hablen al corazón, de hijos aturdidos por las voces que provocan los tumultos, de hijos que están acostumbrados a escapar ante las pruebas, pero en el desierto sólo dependen de Papá. En el desierto, en la prueba, en esa situación en la que sientes que estás solo, que piensas que nadie más puede estar atravesando sino solamente tú, que nadie te entiende, haz silencio y escucharás la voz de Papá hablando a tu corazón.
La segunda parte de esta historia de amor es extraordinaria, no encuentro otra palabra para describir lo hermoso de este cortejo que comenzó con una cita en el desierto y concluye con Cantares 8:5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado? (…)
Los que la vieron ayer subir con tristeza y agonía de espíritu a ese lugar, hoy ni reconocen a la que viene recostada sobre su novio, y si leen el contexto de ese capítulo podrán notar la alegría que debía haber en el rostro de la novia.
En esta nueva escena baja una pareja enamorada, una novia encantada por los amores del novio, una novia restaurada, y lo más importante con una palabra en su corazón que todos desconocemos, pero en resumidas cuentas coinciden en estas dos líneas: Te amo, las mimas dos palabras que a pesar de lo que estés atravesando, o en lo que hayas caído también te dice a ti: Te amo.



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