El tiempo… ¿nuestro o de Dios?

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¿Por qué Israel tuvo que estar 40 años en el desierto? ¿Por qué la visitación tardó 70 años en llegar a Babilonia? ¿Por qué hay 400 años entre Malaquías y Mateo? ¿Por qué Jesús empezó su ministerio a los 30 años?

Así comencé a escribir esta entrada sabiendo que no tendría respuestas absolutas, pero preguntándome, en resumen: ¿Por qué no antes, por qué parecen arbitrarios y difíciles los tiempos de Dios?

Si alguna vez te has hecho estas preguntas, toma asiento, haz fila y espera. Puede que obtengas respuesta, pero puede – y es lo más probable- que no. Algo que he aprendido en mis cortos años, es que Dios no está obligado a responder mis preguntas, aún y cuando, pueda hacerlas.

Aún así todos queremos saber, por qué Dios nos hace esperar, por qué hay temporadas que contra todo sentido y a pesar del sufrimiento que propician, se extienden en el tiempo.

¿Por qué han tenido que pasar casi dos años, desde que comenzó el COVID-19? ¿Por qué Dios no lo detiene? ¿Cuánto más tiempo tiene que pasar?

Como no tengo respuestas, me siento como aquel pueblo oprimido por Egipto, o como aquellos sacerdotes que esperaban al Mesías en medio del silencio: a la expectativa. No puedo tampoco ignorar que hay una parte de la película que no estamos viendo, y es la perspectiva del cielo y por tanto, es imposible comprender la escena en su totalidad.

Al inicio del libro de Job, un diálogo entre Dios y el diablo, nos explica el origen de cada una de las aflicciones del patriarca. Job no lo sabía, pero su integridad estaba siendo probada bajo el permiso de Dios. Lo que me lleva a pensar que no entender no significa que este tiempo que vivimos no esté bajo la orden del cielo.

Por algún motivo que me es ajeno se ha prolongado esta pandemia y hemos perdido a personas queridas. Nos toca vivir sin saber toda la película pues no sabemos qué diálogo se habrá iniciado en el cielo y afecta nuestras vidas.

Sea como fuera, Dios no ha terminado con su iglesia. Así como llegó este virus puede acabar, pues todo lo hace hermoso Dios a su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que hecho Dios desde el principio hasta el fin

(Eclesiastés 3:11)

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