Una orden del cielo :Vive

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La madrugada del 25 de octubre de 2021, en la provincia de Holguín (Cuba) unos trabajadores de servicios comunales hallaron tirado un bebé recién nacido en el portal de una casa. Ante el escalofriante suceso, dieron aviso a la única vecina que estaba despierta, pues el niño quedaba expuesto a que «se lo comieran las hormigas o un perro».


En su ayuda, acudió la madre de un bebé de 14 meses que aún lactaba. Esta mujer, aún bajo el riesgo de exponer a su hijo legítimo al COVID 19, dio su pecho a aquella criatura que tendría apenas algunas horas de vida ya que aún estaba sucia y conservaba el cordón umbilical.
La noticia se propagó rápidamente por las redes sociales conmoviendo a los internautas, que colaboraron con alimentos y ropas para el bebé. Mientras, las autoridades determinaron que la responsable era una joven de 20 años de edad que ocultó su embarazo y cuyo parto fue asistido en casa por su propio esposo. Ambos, pertenecían a una extraña secta en la que no se permitían más varones, de ahí que buscaran deshacerse de él.


Me atreví a recordar esta historia con el fin de llevar al lector a dos escenarios, el primero de ellos está en lo frívolo y corrompido que puede llegar a ser una persona, al punto de abandonar a una criatura recién nacida, el segundo, en entender propiamente la condición lamentable del abandono, pues independientemente de los cuidados físicos dados a ese bebé, necesitará a la postre un profundo tratamiento psicológico.


Conozco de cerca el testimonio de una integrante de mi familia, quien desde su nacimiento se ha sentido abandonada por sus padres, en especial, por su madre. Según me cuenta, su nacimiento no fue deseado, sino que formó parte de una estrategia vil de su progenitora. Cumplido el objetivo no quedaba más que criarla, así que bajo esta premisa de un ¨mal necesario¨ transcurrió su niñez y adolescencia.


Las historias son realmente espeluznantes, y el resultado, un corazón herido. Aunque ya tiene una vida independiente y una familia, basta escucharla narrar sus anécdotas con fuertes y arraigados sentimientos de odio, dolor y enojo, sobre todo, mucho enojo.
Sé también de hijos que sufrieron la separación de sus padres, ya sea por un divorcio o la muerte de uno de los cónyuges, trayendo aparejado un descuido en la atención del cuidado y educación del menor.
Para aquel bebé del portal, para la integrante ¨indeseada¨ de mi familia, para los miles o quizás millones de historias como estas, que han sufrido en mayor o menor escala situaciones de abandono, hay una palabra que traspasa las corazas autoimpuestas, la piel rígida y dura que protege un corazón dañado, tan frágil, que cuando lo exponen llora, una palabra de boca del autor de la vida.


En la Biblia, el profeta Ezequiel describe el nacimiento de la ciudad de Jerusalén como la llegada al mundo de un bebé no deseado:
Cuando la fundaron, fue como una niña abandonada al nacer. Nadie se interesó por ella, ni la cuidó ni le cortó el ombligo. Nadie la bañó, ni la frotó con sal, ni la envolvió en pañales. Nadie puso el más mínimo interés en ti, nadie tuvo compasión de ti ni te cuidó. El día de tu nacimiento, no fuiste deseada; te arrojaron en el campo y te abandonaron para que murieras, sin embargo llegué yo y te vi ahí pataleando en tu propia sangre y mientras estabas allí tirada te dije: ¡VIVE! (Ez. 16)
Sí, Vive, te dice el mismo que con su palabra creó los cielos y la tierra, pero este ¡Vive! no es una palabra motivacional, no es una palmadita en la espalda, ¡Vive! es una orden a tu espíritu y es que Dios no es de muchos rodeos, pues no recuerdo ningún sermón frente a la tumba de Lázaro, sino solamente: ¡Lázaro, sal fuera!, o cuando dijo ¡Talita cumi! (trad. Niña levántate) Mr. 5:41, o: ¡sea la Luz! y fue la luz Gn. 1:3. Esa misma voz, esa misma autoridad le dice a los desamparados, abandonados, arrojados: ¡Vive! porque sabe que el dolor no deja vivir, el odio no permite caminar liviano, la amargura no deja ver la luz.
¡Vive! porque hay muchos muertos que caminan, hay muchos zombis a nuestro alrededor. Ya es tiempo de que abraces, de que beses, pues quien te da la orden ya lo ha hecho contigo, Jesús.


Jesús no podía darse el lujo de odiar ni guardar rencor, por eso adoptó el estilo de vida del perdón. Él Vivió, y aún su muerte fue vida, y esa vida debes inhalarla, de aquel de quien dijo Job el Espíritu de Dios me hizo y el soplo del omnipotente me dio vida.
Siendo Job hombre probado en extremo, abandonado por su esposa y amigos solo aprendió a Vivir cuando perdonó (Job 42:10).
¡Vive! por favor, no te limites, sueña, ríe, libérate, es una orden del cielo, pues aunque comenzaste con poco, ten por seguro que terminarás con mucho.


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