Conversaba por teléfono con un viejo amigo, entre charla, a modo de actualización me preguntaba qué tan ocupado estaba en estos días, -Arena, sol y agua… ¿te suena? Le dije en tono bromista -¡Qué bien! ¿has ido mucho a la playa? -preguntó el muy ingenuo, a lo que respondí con desgano: -¡Construcción amigo, mucha construcción!-
Además del trabajo fuerte que implica, también hay que soportar el desorden en toda la casa, sábanas que cubren nuestros muebles favoritos, y constantes estornudos a causa del polvo.Pero poco a poco se van viendo los resultados y con un poco de pintura el cambio es radical.
Disfrutaba viendo el acabado de mi dormitorio recién arreglado, cuando de repente algo llamó mi atención. Me levanté de la cama de un salto, me acerqué a la pared y noté que una larga grieta se había desplazado en ella. ¿Cómo puede ser posible? Pregunté para mis adentros un tanto indignado, e intrigado; ¡Es una pared nueva! ¡Imposible que tenga grietas!.
Mientras indagaba en mi mente, recordé que el albañil dio fuertes golpes en la propia pared, pero del otro lado, lo cual provocó que las vibraciones la fueran agrietando poco a poco y afeando la parte que el día anterior habíamos terminado.
De esta misma forma el rencor o la falta de perdón te golpea lentamente desde dentro, ¡tac! ¡tac! ¡tac! suenan los recuerdos en la noche de quien te hirió, de lo que podías haber respondido, de aquel o aquellos a quienes jamás debiste haberle abierto tu corazón y ahora decides no perdonar, sin darte cuenta que te haces daño a ti mismo.
He visto como esta grieta ha derrumbado vidas, las ha convertido en personas ásperas, demasiado duras como para volver a amar, volver a confiar. Esta grieta no se sella con pintura, se cura con el perdón, Jesús nos dio la receta de esta poción: ‘‘No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete’’ Mat. 18:22
En vez de contar ovejitas en la noche mientras te duermes, perdona 490 veces a quien te hizo mal y si aún no logras soltar esa mochila tan pesada cargada de rencor, vuelve a comenzar desde 1.
Jesús no nos dio una fórmula matemática con esta lección, sino un ejercicio que nos ayudará a sacar de nuestro corazón fácilmente los errores de aquellos que nos hirieron y permitirles una segunda oportunidad, o lo que es mejor, permitirnos a nosotros mismos vivir.
Medita en esto:Toma una hoja y escribe en ella los nombres de las personas que debes perdonar. Piensa: ¿por qué les guarda rencor? Reflexiona en Mateo 6:14-15.


Deja un comentario