El pueblo que condenó a Jesús
A la entrada de Jerusalén pobres y ricos arrojaron mantos y ramas de árboles en loor a un profeta nazareno, uno que hacía milagros, que había echado fuera demonios y resucitado muertos, que no tenía miedo en ripostar a los fariseos y dejaba sin palabras a los que se creían sabios.
Algunos de los que tienden sus mantos no saben siquiera cómo se llama el profeta pero les basta escuchar hablar de sus milagros ¿Será posible que sea el Mesías – se preguntan, mientras rompe en gritos la multitud :
-Hosanna al Hijo de David ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hossana en las alturas!
Yo entiendo la posición de Israel. Ellos, llevan siglos esperando el Mesías y Roma gobierna con mano de hierro.Hay impuestos, hay pobres, hay enfermos, y todo, menos este hombre montado en un pollino está en decadencia en un país, donde hasta los principales sacerdotes se deshacen en la inmoralidad.
Pero ¡Ay Israel!, no es la convicción lo que te mueve, es la desesperación.
La gente del Pueblo agita los brazos en saludo al Mesías, como lo haría un ahogado en busca de aliento, pero tristemente no están seguros de lo que dicen, y el propio Jesús sabe que no dura mucho la alabanza en la boca de gente que no está convencida.
Aún así,el momento fue hermoso y parecía que esta vez Jerusalén conocería el tiempo de su visitación , si embargo, al acabar los vítores ,todos regresaron a la tarea de buscar el pan, ganar el sustento , cuidar a los hijos , a conversar con los vecinos lo que se comenta en Israel , quejarse de la dictadura, y a seguir la vida, sobreviviendo.
Mientras, Jesús, fue a cumplir las últimas obras de sus últimos días, y parecía que el pueblo lo había olvidado, pero ese viernes, cuando Pilato anunció que nada malo hallaba en el Rey de los Judíos, ese mismo pueblo gritó.Mas esta vez no fueron gritos de ¡Hossana! , no se quitaron sus mantos y lo pusieron ante él, sino que le condenaron , estallaron en ira contra aquel que antes habían alabado, y pidieron incasablemente : – ¡Crucifíquenle!
Pilato le hubiera dejado ir, pero la turba prefirió a Barrabás.
Oh, qué débil es la voluntad de los Pueblos que no son verdaderamente libres, capaces de alabar al Hijo de Dios para luego desear su muerte.
Ese es también el problema de las mayorías, que cambian de dirección según sopla el viento , que se dejan manipular por la historia que cuenta el lobo de la Oveja, y luego odian la oveja sin saber que es la víctima.
Aquellos que a su entrada triunfal proclamaban Hossana y tendían sus mantos, están ahora ante la Plaza gritando Crucifíquenle.
¿ Por qué este pueblos un día clama por Salvación y luego odia al Salvador, por qué declaran : Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos con tanta ira ?
No entiendo el por qué y ,quizás,nunca lo sepa , pero si de algo estoy segura es que Jesús murio por ese pueblo por amor y el padre ama el pueblo que puso su hijo en la Cruz.


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