El barco , ¿del propósito ?

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Dos historias totalmente diferentes aunque similares, dos hombres en altamar atrapados por tormentas implacables, responsables de anunciar en contextos y momentos distintos un mismo mensaje: ¨arrepentimiento¨, uno de ellos se dirigía en el rumbo equivocado, el otro ¨seguía a la meta¨ enfocado en el propósito de Dios.

Aproximadamente 840 años separan a estos dos personajes, así que por orden de aparición en la historia entra en escena Jonás, el famoso personaje que por su desobediencia el pez se lo comió, al menos así nos lo enseñan desde pequeño, pero la realidad de este profeta no es apta para menores. Todo comienza con un mandato de Dios (Levántate y ve a Nínive.. y pregona contra ella porque ha subido su maldad delante de mi. Jon. 1:2) así que este hombre lo primero que se le ocurre tras oir la voz de Dios es: huir en sentido contrario, literalmente en sentido contrario y bieeeen lejos. (la distancia entre ambas ciudades es de 5871 km)

Al parecer al profeta se le olvidó lo dicho por el salmista en el salmo 139:7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? pero Jehová hizo levantar un tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave, inmediatamente aquellos hombres expertos en navegación y en un sinnúmero de experiencias marítimas tuvieron miedo y mientras todos buscaban salvar la nave y sus vidas, Jonás sin apenas darse por enterado dormía muy plácidamente en el interior de la nave. El resto de los acontecimientos es bien conocido, el capitán del barco lo despierta, echan suerte para saber quién fue el culpable de la tormenta, la suerte cae sobre el profeta quien además les contó de quién huía, lo tiran al embravecido mar y al instante pasaron dos cosas sorprendentes: el mar se aquietó y un pez se tragó a Jonás pero permaneció vivo, hasta que lo escupió o vomitó en su destino final Nínive. Dejemos la historia aquí y vayamos con el otro personaje alrededor del año 60 después de Cristo, el apóstol Pablo. 

Al igual que Jonás a Pablo se le presenta el Señor y le revela la necesidad de que anunciara el evangelio en Roma (Hch. 23:11) así que sabiendo a lo que tenía que enfrentarse decide obedecer el llamado y luego de varios sinsabores se abre nuevamente el telòn y encontramos al apóstol encadenado en un barco junto a otros presos rumbo a un juicio en Italia pero en medio de una tormenta con vientos huracanados. A diferencia de la historia anterior Pablo puede darles un mensaje de esperanza a las 276 personas que viajaban en la nave: ¡Cobren ánimo, nadie va a morir!, y así fue, aunque sufrieron cuantiosas pérdidas materiales comenzando por el barco que se redujo a tablitas flotantes, pero nadie murió y llegaron a una isla llamada Malta donde el poder de Dios se manifestó con sanidades y milagros en sus habitantes a través de Pablo y luego de varios días zarparon en otra nave hasta llegar a Roma. 

Estas breves historias me hicieron reflexionar en varias cosas:

1- No es bueno huir del propósito que Dios tiene para nosotros, pues hemos sido encomendados con un mensaje de vida y no compartirlo puede ser causa de muerte a sus destinatarios originales.

2- Al huir del propósito de Dios no sólo ponemos en riesgo nuestras vidas y la de esos destinatarios originales, sino además la de quienes nos rodean por no estar en el lugar correcto.

3- Podemos encontrarnos en medio de tormentas, la de Jonás produce temor, desesperación e inseguridad, en cambio en medio de la tormenta de Pablo (o la tormenta del propósito) siempre habrá un mensaje latente: No temas. 

4- Carácter: a ambos hombres les fue revelado a dónde tenían que ir, el carácter de uno lo hizo retroceder, el del otro avanzar. A veces Dios no nos revela el plan completo y como niños malcriados lloramos por querer saber a dónde vamos, tal vez Dios no quiere que huyamos ¿no crees?.

5- La gracia y misericordia de Dios nos pueden encauzar hacia nuestra meta si hemos perdido el rumbo y clamamos desde el caos que nosotros mismos provocamos.

A nadie le gusta las tormentas, pero si va a llegar una mejor que te agarre en el barco del propósito.


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