Hay momentos en los que necesitamos hacernos las preguntas correctas. Momentos como este, por ejemplo, en que nos cuestionamos el inicio de un proyecto: ¿para qué hacer un blog, por qué escribir de un tema tan abordado en poesías, canciones, novelas y libros hasta la saciedad, por qué escribir de amor?
Habemus Amor comenzó como una conversación y se transformó en horas de debate sobre nombres, colores, temas, calendario editorial, y otras mil cosas. El vacío se llenó de ideas, planes, y ¿la página en blanco?, en un Blog. Nos cautivó tanto que no podemos negar el origen real de esta aventura: Dios.
Él nos llevó a enamorarnos del amor, y no de uno barato, sino del más caro de todos los tiempos, amor del bueno, se podría decir. De este, no se ha escrito ni cantado aún lo suficiente, porque no hay poseías ni letras que expresen en su totalidad la entrega incondicional de un Padre por sus hijos.
Sí, sabemos que se pueden idear muchas formas de contradecir esta primera entrada y se también que podríamos haber elegido cualquier otro tópico fuera del Amor de Dios. Pero no quisimos. Hay momentos en los que necesitamos hacernos las preguntas correctas, momentos como este, por ejemplo:
¿Cómo puede ser posible que en mundo posmoderno, nihilista y egocéntrico que sigamos hablando de Amor? ¿Cómo es que seguimos teniendo en todas las latitudes de la geografía y en los distintos lenguajes, el mismo deseo? ¿Por qué será que aún nos desvelan los sueños y nos cautivan los amores sinceros?

¿Sabes por qué nos siguen doliendo las traiciones, por qué nos parte el alma cuando perdemos a alguien querido, o lo tenemos lejos? ¿Por qué sonreímos cuando somos bebé, si nunca antes hemos visto una sonrisa? ¿Por qué queremos amar?
Si fueras una casualidad, si Habemus… fuera solo eso, un blog más, si solo somos carne y hueso, ¿para qué necesitamos el Amor?
En lo que a nosotros respecta, hemos entendido que amar es una respuesta al amor de Dios, esa fuerza invisible que mueve el universo. El que ama no hace nada indebido, no es egoísta, su amor es paciente y bondadoso, no es envidioso, jactancioso ni orgulloso. No se enoja fácilmente ni guarda rencor, no le gusta la maldad, ni las mentiras. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1Corintios 13).
Tu problema nunca será con el amor, sino con la versión de amor que has recibido. Entonces, ¿por qué no hacer un blog que nos invite a amar mejor, amar a la manera de Dios?


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