No creo que sea considerado como cosa grata vivir en la inmediatez de una escuela de música; esos muchachos impertinentes de varios niveles de estudio con sus instrumentos dando las notas más salvajes que cualquier tímpano común terminaría aturdido; si ves un cartel de “Se vende esta vivienda” cerciórate en primer lugar que esté a más de 1 kilómetro a la redonda de uno de estos centros de estudio, pues si no lo tienes en cuenta serás el próximo en volver a colocar el anuncio.
Lo cierto es que cuando comencé por vez primera mis clases de música, un lenguaje totalmente novedoso formó parte de mi aprendizaje y todos esos símbolos y figuritas que en algún momento fueron cosas de locos para mí, se convirtió en una forma de lectura a través de la cual se pueden llegar a expresar los más extraordinarios sentimientos.
En mis tardes de estudio, en un confinado salón repleto con otros compañeros del primer año; aprendí que la música es más que la secuencia en el arte de bien ejecutar los sonidos y el tiempo, pues hay otro elemento tal vez poco conocido pero imprescindible: “el silencio” el cual al igual que las notas musicales tiene su correspondiente símbolo que se incorpora en el pentagrama[1], y su duración en tiempo varía en dependencia de cómo se represente[2].
No fueron pocas las veces que, en mi ejecución de estudio de trompeta, el profesor me hacía repetir 2,3,4,5, etc.…veces la lección, pues no tenía en cuenta este elemento tan importante; y cada vez que incurría en el mismo error me secundaba una frase de regaño: ¡No te vas hasta que entiendas que el silencio es música! ¡Respétalo!
En una buena interpretación, el silencio debe tener tanto peso como el sonido, y debe usarse para transmitir el mensaje de la obra; todas las piezas musicales que oímos a diario están compuestas por varios silencios, ya que esto no implica que se detenga la obra, sino que determina los momentos en los cuales cada instrumento (lo cual incluye la voz humana) deben cesar su ejecución hasta que aparezca otra nota.[3]
Al igual que hay sonidos cortos y sonidos largos, hay silencios cortos y silencios largos, y su uso puede ser diverso pues permite el descanso de los músicos y cantantes de la misma forma en que funciona como una herramienta indispensable para crear tensión y otros efectos expresivos, de forma tal que no se concibe una interpretación sin descansos o lo que es lo mismo, sin silencios.
Ahora bien, en este fenomenal estudio de la música y sus diferentes formas de ejecutar el silencio hay una en particular que llama la atención y consiste en aquel silencio cuyo comienzo está determinado en el pentagrama, pero su duración no está expresada en una figura musical, sino que se encuentra en la batuta del director quien a su disposición da conclusión al mismo ya sea para continuar o concluir la obra según fuere el caso.
Mientras meditaba en todas estas facetas del silencio pude percatarme de algo indudablemente magnífico y es que en la obra musical de la Palabra de Dios, aunque se constituye como una sola pieza, existen muchos silencios en la vida de sus músicos, los cuales si intentara enumerarlos consumiría buena parte de estas líneas.

Por sólo tomar algunos ejemplos en forma de orden cronológico cabe llamar al frente del auditorio al padre de la promesa, Abraham y esta melodía lleva el nombre: “Cuando Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac; en Fa Mayor”
Así comienza esta canción, Abram sin hijo y consecuentemente sin una descendencia, pero de boca del mismo Dios una promesa fue dada: -Serás padre de multitudes-, todos los instrumentos armoniosamente empiezan a sonar, una linda obra se está desarrollando, a pesar de su longeva edad al igual que la de su esposa, logran tener entre sus brazos al hijo de la promesa Isaac, y aunque entre líneas he pasado por alto algunos sonidos de misterio, de horror y hasta de comedia, en esta parte de la ejecución musical se oye una música alegre, se ve a Isaac riendo y jugando junto a sus padres, todo marcha bien cuando de repente: -¡Abraham!- dijo el Señor, -Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas y vete a tierra de Moríah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré-[4] el auditorio en su totalidad hizo silencio, se pudo hasta oír la toz de un espectador del público que se encontraba sentado en la última fila de la platea; no se sabía que era lo próximo ni cuándo los instrumentos volverían a sonar, y hacia ese monte se dirigió Abraham con el cuchillo en mano, leña para el fuego y su hijo Isaac; los músicos permanecían en atención a la batuta del director, todo seguía en silencio, ya Isaac estaba atado en el altar y alrededor de él la leña, y el cuchillo le rozaba el cuello a su amado, cuando de repente en un movimiento abrupto el director da rápidamente la orden de continuar la música y juntamente con este desafío apareció una bendición mayor, una promesa confirmada y un cordero trabado entre un zarzal quien fue el sustituto de su hijo.[5] Casi a todos se les puso la piel de gallina, pero afortunadamente la obra continuó su curso siendo este un silencio relativamente corto aunque cargado de misterio el que llegó a ejecutarse, dando al traste con una de las piezas más excelentes de las que narra la Biblia.
Hay otra obra en el que se expone uno de los silencios más extensos, resultaba por su ejecución un verdadero reto; lleva el nombre de “Los años de esclavitud de Israel en Egipto; en Eb Mayor”. Todo comenzó con una sinfonía en allegro[6], marcada por un tiempo de esplendor en los años de gobierno de José, era pura alegría esta obra, a muchos del público se les veía mover los pies e incluso la cabeza de un lado a otro eufóricamente, estaba Israel en territorio extranjero, pero la estaban pasando muy bien a pesar de la hambruna que atacaba toda la tierra de Egipto y sus contornos por la escasez de lluvia y de alimentos, pero habían recursos de sobra en ese tiempo por la forma tan gloriosa en que Dios se le reveló al menor de los hijos de Jacob, de repente murió por ley de la vida toda aquella generación, y se levantó en Egipto un nuevo rey que no conocía a José ni las obras que realizó y sometió a esclavitud al pueblo escogido de Dios, los músicos lentamente y de forma muy sutil comienzan a disminuir la intensidad del sonido, hasta que finalmente llega el silencio, ¡y vaya silencio!, mucho clamor pudo oírse entre la gente de Israel quienes pedían a Dios que los librara del yugo al cual estaban siendo sometidos, pero Dios permanecía en silencio, y así estuvo por 430 años; sí, leyó bien, 430 años marcados por un intenso sufrimiento[7], hasta que después de todo este tiempo gimieron los hijos de Israel y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre, y oyó Dios el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob,[8] y los visitó enviándoles a Moisés como libertador rompiendo finalmente con el silencio y reanudando la pieza con una música en el que el terror y suspenso protagonizaron escenas como “las plagas, el mar rojo, entre otras formidables historias ”. Aunque fue esta una pieza relativamente larga terminó con conquistas y al día siguiente su éxito apareció en primera plana en todos los diarios de la ciudad.
Sólo tomaré otra pieza más, una que cerrará el telón y de seguro nos llevará a sumergirnos en los cientos de historias de silencio de los que está llena la Palabra de Dios.
Esta pieza por su título nos da un avance de que sacará no pocas lágrimas a los espectadores, pues lleva por nombre: “La Vida de Juan el Bautista, en La menor”.
La ejecución de esta melodía comienza despacio, con una promesa antigua en el libro de Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios,[9] ese fue el llamado de Juan, quien su vida fue humilde entre los hombres, sus vestidos de piel de camello y su comida de langosta y miel salvaje era una muestra de ello, y un único mensaje fue su verdadera inspiración: allanar el camino a quien vendría detrás de él, este es a Jesús; sus hechos no fueron notorios, pero su palabra fue contundente, tanto así que muchos pensaron que podía ser el Cristo e incluso el profeta Elías, ante lo cual este hombre refutó todas estas suposiciones con una frase repetida: “soy un mensajero, soy el que prepara el camino al Señor”. A pesar de ser una melodía suave la que se ejecutaba, todos disfrutaban de ella, de repente algo glorioso pudo presenciarse, el encuentro de este protagonista con el Hijo de Dios en las aguas del río Jordán quien pudo dar testimonio al ver al Espíritu que descendía como paloma y permaneció sobre el resultado de su mensaje en la persona de Jesús; la obra casi estaba al concluir, pero ningún silencio se había presenciado durante su ejecución, los violines seguían sonando y el director movía aún sus manos, una celda de prisión se convierte en el nuevo hogar de Juan, quien ve entrar al soldado que lo custodiaba con su espada desenvainada, todos estaban a la expectativa de qué podría suceder, en el guion no dan ningún indicio de cómo puede concluir esta obra, nadie sabe; cuando de repente una espada se levanta al unísono en que se alza la batuta del director, y llega el silencio, llega la muerte de Juan el bautista, el director baja despacio la mano derecha y da la vuelta hacia el público, le pide a sus músicos que se pongan de pie, la obra había terminado, pero acto seguido, toda una multitud al unísono se pone de pie y entre gritos de… ¡bravo, bravo!, hacen sonreír a su director, quien da unos pasos hacia atrás e invita a sus músicos a recibir las ovaciones, mientras le dice al protagonista de esta pieza, -¡bien hecho!, ¡bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor!, mientras que lentamente se cierra el telón, escuchándose aún a todo un público en pie aplaudiendo incesantemente.
Nadie se esperaba este silencio al final de la obra, pero fue sin dudas el mejor de los finales, sobre los que aún se habla en todos los escenarios.
Todos nosotros, al igual que estos músicos hemos atravesado por diferentes tipos de silencio, unos cortos aunque intensos, otros relativamente largos, algunos a mitad de una obra en la que todo parecía marchar bien, cuando de repente, nos encontramos en una encrucijada; el director de la obra ha silenciado la música. Miramos a nuestro alrededor y no encontramos respuesta, tal parece que nos ha abandonado; amigo y amiga, se trata de un silencio necesario para mantener la mirada puesta en el que nos guarda, un silencio que nos da una medida del amor inagotable de Dios, pero es preciso saber interpretarlo y respetar esas pausas en la ejecución de nuestra obra; Él sigue con la batuta en la mano y mientras así sea puedo decir, Jehová está en medio de mí, poderoso, él salvará; se gozará sobre mí con alegría, callará de amor,[10] y en ese silencio me deleitaré, esperaré en su salvación y en su respuesta el tiempo que fuere necesario, pues aunque llegue hasta el final de la obra en la que yo soy el intérprete, podré decir: Porque este Dios es Dios mío eternamente y para siempre; Él me guiará aún más allá de la muerte[11].
Y después de la muerte si permanecemos fiel a su silencio, podremos gozar detrás del telón junto con nuestro Director de su aplauso por haber ejecutado una buena pieza musical.
El silencio es música, aprende a interpretarlo.

[1] El pentagrama es el conjunto de cinco líneas horizontales paralelas y equidistantes sobre el cual se escriben las notas musicales y demás signos de notación.
[2] Existen diferentes símbolos que representan la duración del silencio, los cuales pueden varios desde cortos hasta largos.
[3] https://definicion.de/silencio-musical/
[4] Reina Valera 1960 Génesis 22:2
[5] Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Reina Valera 1960 Génesis 22:12-13
[6] En dependencia de la música que se pretende ejecutar, aparece este nombre encima de la pieza y aparte del nombre que lleva la misma y significa: Allegro (del italiano: rápido, animado o con energía) es un término musical que hace reerencia a una indicación de tempo equivalente a deprisa.
[7] El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años. Reina Valera 1960 Éxodo 12:40
[8] Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Reina Valera 1960 Éxodo 2:23, 24
[9] Reina Valera 1960 Isaías 40:3
[10] Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Reina Valera 1960 Sofonías 3:17
[11] Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún más allá de la muerte. Reina Valera 1960 Salmo 48: 14


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