Que sean uno… para que el mundo crea

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Fragmentos tomados del libro “Azusa Street” El avivamiento que cambió el mundo, escrito por Fank Bartleman entre 1906 y 1909.

Cuando la iglesia de Dios se convierta en lo que debe ser, en amor y unidad, las puertas nunca estarán cerradas con llave. Como el templo de la época antigua, estarán siempre abiertas.

Dios no tiene 666 iglesias, todas con nombres diferentes. No hay división en un verdadero “Pentecostés”, ni tampoco en la verdadera adoración. “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo (…); y a todos se nos dio a beber de un mismo de un mismo Espíritu” (1ra Corintios 12:13).

El antiguo pueblo de Israel, cuando estaba en la relación correcta con Dios, era uno. ¡Cuánto más debería serlo la Iglesia! Tenemos suficientes sacerdotes como para servir continuamente. Y muchas personas necesitadas, que buscan a Dios, como para llenar los templos en todo momento.

Cuán lejos hemos caído de ese primer modelo, y aun de la clase de iglesia, Israel… Somos tan pequeños que apenas reconocemos lo verdadero. Aún la Iglesia Romana, aunque formal, nos lleva la delantera. La dificultad y la vergüenza es que estamos terriblemente divididos.

“La profundidad del avivamiento será exactamente proporcional a la profundidad del espíritu de arrepentimiento”. Y esto será para todos los pueblos en todos los tiempos.

“La profundidad del avivamiento será exactamente proporcional a la profundidad del espíritu de arrepentimiento”. Y esto será para toso los pueblos en todos los tiempos.

Escribí otro tratado, llamado “Que todos sean uno”. Esto movilizó ferozmente al diablo sectario. Pero era la oración de Jesús en Juan 17:21 es: “Para que el mundo crea”.


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