El mal hábito de personificar a Dios como si fuera el Genio de la lámpara, capta adeptos en las redes sociales, sin embargo, promueve una visión errada del evangelio y produce una profunda decepción en aquellos, que ingenuamente, esperan hallar en el cristianismo la cúspide de sus deseos.
Esta corriente, popular entre ciertos predicadores e influencers cristianos, comparte la idea de que Dios es como el genio de Aladino o el hada madrina de la Cenicienta, es decir, una fuerza casi mítica que opera a nuestro favor siempre. Por supuesto, no lo exponen con estas palabras, pero la esencia de su predicación es un Dios que forzosamente cumple nuestros sueños o expectativas, que nos hace vivir en abundancia, prosperidad financiera y una vida de lujo.
Estos mensajes son como la publicidad engañosa, te venden una imagen falsa del producto real, y solo cuando lo compras, te das cuenta de la trampa. Por lo general, el error viene endosado con altas dosis de emocionalismo y armado a retazos con frases motivacionales, pero con muy poco evangelio.
La idea general, es venderte una vida sin preocupaciones donde Dios es responsable de propiciarnos viajes, lujos, promociones laborales, ministerios internacionales, un romance de película o una boda de ensueño y esta tergiversación de la realidad produce una sensación de fracaso entre los que quedan fuera del patrón de éxito que promueven.
Es probable que te haya pasado. Entras a Instagram, revisas el perfil de dos o tres influencer cristianos, de estos que visten fashion, que en medio de la pandemia están de viaje, que son patrocinados por marcas de cualquier tipo y que predican un cristianismo Lite, sin sufrimientos y sin problemas, y empiezas a cuestionar tu fe porque tu vida dista mucho de ese ideal.
Por otro lado, predicadores muy reputados realizan una excesiva demostración de sus logros, sé de uno en particular que no escatima en señalar que la suya, es la mejor iglesia, el mejor equipo, el mejor bla bla bla. De sus labios no escuchas una palabra acerca del sufrimiento, el contentamiento, la escasez, los azotes o la persecución, y hasta parece que eso no forma parte de la Biblia.
Pero Pablo dijo: que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos (2Co 4:8-9)
Su éxito no estaba en las iglesias que estableció, ni en sus millas de viaje. Pablo fue traicionado, malentendido y abandonado por sus propios hermanos de fe, mientras, se volvió el oprobio de los judíos por predicar el evangelio. Y sus últimos años fueron en un calabozo romano donde recibió la ejecución de su sentencia: muerte por decapitación. Definitivamente Pablo no encaja en este cristianismo hollywoodense que intentan venderte.
No quiero decir con esto que la prosperidad esté reñida con la vida cristiana, no digo tampoco que siempre tienen que ocurrir calamidades, ni siempre tenemos que ser perseguidos, pero el sufrimiento nos enseña más que un lecho de rosas.
(…) el sufrimiento nos enseña más que un lecho de rosas.
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Excluir esta realidad, es negar neciamente que en el mundo tendremos aflicción (Juan 16:33) y que el mismo Jesús fue varón de dolores, experimentado en quebranto (Isaías 53:3) porque Dios así lo permitió.
En consecuencia, el dueño y Señor del Universo, no está en la obligación de responder a capricho nuestras peticiones de satisfacción personal, aunque entiendo, que, por el puro afecto de Su Voluntad, Él, elige glorificarse en nosotros y sorprendernos con detalles impensables.
(…) el dueño y Señor del Universo, no está en la obligación de responder a capricho nuestras peticiones de satisfacción personal, aunque entiendo, que, por el puro afecto de Su Voluntad, Él, elige glorificarse en nosotros y sorprendernos con detalles impensables.
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